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    May, 2006

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    -Devórame, dijo Caperucita
    -No tengo hambre, replicó el lobo
    -Me vestiré de oveja y balaré para ti.
    -Ya hemos hecho eso otras veces.
    -Te haré el numerito del cervatillo perdido en el bosque.
    -Psche...
    -¿Qué nos pasa?
    -... -¿Se puede saber qué nos pasa?
    -... -¿...?
    (Zoom. Detalle. Una lágrima)
     
     
     
    November, 2005

    la importancia de la imaginación

     

    Cuenta una antigua leyenda que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer.  
     
    En realidad el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso desde el primer momento se procuró un chivo expiatorio para encubrir al culpable.  
     
    El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas oportunidades de escapar al terrible veredicto ....¡la horca!.  
     
    El Juez, también coludido, cuidó no obstante de dar todo el aspecto de un juicio justo, por ello dijo al acusado: "Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor vamos a dejar en manos de Él tu destino, vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente, tú escogerás y será la mano del Dios la que decida tu destino".  
     
    Por supuesto el mal funcionario había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" y la pobre víctima aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria.  
     
    El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados. Éste respiro profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse abrió los ojos y con una extraña sonrisa tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente:  
     
    "¿Pero qué hizo?, ¿y ahora? ¿cómo vamos a saber el veredicto?". "Es muy sencillo", respondió el hombre. "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que me tragué". Con rezongos y enojo mal disimulado debieron liberar al acusado.

     

     (que tengáis buen fin de semana)
     

    November, 2005

    ante un día de lluvia...

     

              EL DON DE LA SONRISA

                 No cuesta nada y produce mucho.

                       Enriquece al que la recibe,

                       sin empobrecer al que la da.

                     No dura más que un instante,

               pero su recuerdo es a veces inmortal.

                  Una sonrisa es reposo para el ser

                                fatigado,

                      coraje para el alma abatida,

               consuelo para el corazón enlutado.

                     Es un verdadero antídoto

              que la naturaleza mantiene en reserva

                        para todas las penas;

               y si te niegan la sonrisa que te mereces,

                        sé generoso, da la tuya.

              Nadie, en efecto, tiene tanta necesidad

                              de una sonrisa

              como aquél que no sabe dársela a los

                                      demás.

     

    (ahí va la mejor de las mías [representada por un muñequito amarillo, pero... no deja de ser una sonrisa])          

    November, 2005

    DESTINO

    Durante una batalla trascendental, un general japonés decidía atacar aunque su ejército era superado en número considerablemente. Estaba seguro que ganarían, pero sus hombres estaban llenos de dudas. En el camino a la batalla, pararon en un santuario religioso. Después de rezar con los hombres, el general sacó una moneda y dijo, “Ahora lanzaré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Si es cruz, perderemos. El destino ahora se revelará”.
    Lanzó la moneda al aire y todos la miraron atentamente mientras caía. Fue cara. Los soldados estuvieron tan rebosantes de alegría y llenos de confianza que atacaron vigorosamente al enemigo y salieron victoriosos. Después de la batalla, un teniente le comentó al general, “Nadie puede cambiar el destino”. “Absolutamente correcto” contestó el general mientras mostraba al teniente la moneda, la cual tenía caras en ambos lados.

     

    LA MUCHACHA

    Dos monjes que regresaban a su templo, llegaron a un vado donde encontraron a una hermosa muchacha que no se atrevía a cruzarlo temerosa de mojar sus mejores ropas. Uno de los monjes, casi sin detenerse, la alzó en sus brazos y la llevó hasta el otro lado. La niña le agradeció y los dos hombres siguieron su camino.  
    Después de recorrer tres kilómetros el otro monje, sin poder contenerse más, exclamó: "¿Cómo pudiste hacer eso, tomar una muchacha en tus brazos? Conoces bien las Reglas..." y otras cosas por el estilo.

    Respondió el monje cuestionado con una sonrisa: "Debes de estar cansado, habiendo cargado con la muchacha todo este tiempo. Yo la dejé del otro lado del arroyo"